Este estudio reafirma los efectos del mantra de las mujeres más bellas

El dinero no da (toda) la felicidad. La clave está en tu dormitorio

por Regina Navarro /

Los españoles ocupamos en puesto 34 en el ranking de felicidad de la ONU. Pese a que nuestra percepción de la vida parece haber mejorado en los últimos meses, según datos del Instituto DYM, lo cierto es que aún nos queda mucho para alcanzar a los noruegos, islandeses y suizos. Tal vez ellos hayan descubierto antes que nosotros que, aplicando unos sencillos pasos, es más fácil ser feliz. O tal vez hayan conseguido hacer suya de verdad esa máxima de que el dinero, aunque ayuda, no es la clave. Suena a tópico tanto como el mantra más repetido por las modelos (dormir ocho horas al día) pero, tal y como revela un reciente estudio llevado a cabo por Oxford Economics y el Centro Nacional de Investigación Social, en el descanso está el elixir no solo de la belleza, también de la felicidad.

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Menos dinero y más dormir

El dinero no da la felicidad pero, efectivamente, ayuda. El economista Richard Layard sostiene en su libro Happiness: Lessons from a New Science, que una persona debe cobrar, como mínimo, 20.000 euros brutos al año para sentirse bien. Vaya, poder cubrir sus necesidades económicas básicas y darse algún capricho de vez en cuando. Un dato que compartían varios entendidos aunque, según explican desde Oxford Economics, a partir de cierto nivel de ingresos la felicidad no aumenta de forma directamente proporcional al dinero en la cuenta corriente. Pero este equipo de expertos sí ha encontrado otra razón detrás de ser feliz.

En una de sus encuestas descubrieron que había un aumento significativo de la felicidad en las personas que dormían bien. Los investigadores afirman que aquellos que regularmente tienen una buena noche de sueño disfrutan de una mejora en el bienestar mucho mayor que aquellas personas que habían visto sus ingresos cuadruplicados. Y no es ninguna tontería. Descansar durante al menos ocho horas influye directamente en nuestra salud, ayudándonos a mejorar nuestro sistema inmunológico, logrando que aumente nuestra positividad y estimulando nuestro rendimiento. Por no hablar de los beneficios que tiene para nuestra piel ya que, durante el sueño, el cuerpo elimina toxinas, la piel se oxigena y recupera parte de su luminosidad perdida. Y verse bien también suma para sentirse feliz.

Las ventajas de las relaciones personales

Decía un estudio publicado en la revista Developmental Psychology que las personas con grandes ingresos eran menos dadas a sentirse solas. Sin embargo, al margen del dinero, quienes mantienen más relaciones personales ganan en el ranking de felicidad. Los expertos concluyen que gestos tan simples como saludar a un vecino podrían contribuir a ese aumento, aunque estar plenamente satisfecho en el terreno sexual y formar una familia forman parte de los mayores indicadores de felicidad.

El motivo parece sencillo. Tanto el sexo como los pequeños retos a los que se enfrenta una persona con hijos tienen en nosotros un efecto increíblemente similar. Un niño puede ocasionar muchos quebraderos de cabeza y preocupaciones, pero ayuda a que sus padres se enfrenten a retos diarios de todo tipo. Cada vez que se supera una de esas metas el cuerpo reacciona, activando y potenciando la segregación de dopamina, conocida como la hormona de la felicidad. Un mecanismo que también se pone en marca cuando, durante el sexo, se llega al clímax. Y esta sustancia, además de tener el poder de aumentar la felicidad, contribuye a alargarnos la vida.

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