Cinco trucos para comer bien en el trabajo, sin hacer dieta

Entrevistamos a la experta en nutrición Patricia Pérez para saber qué hábitos te ayudarán a cuidar la línea de forma fácil

por Elena R. Ballano /

Reuniones acompañadas de minicroissants, comidas con clientes, continuas visitas a la máquina de café, conference calls a mediodía,etc. Tras el parón estival y la vuelta al trabajo, muchas personas incluyen en su lista de buenos propósitos de la rentrée cuidar más su alimentación; un deseo que tiene como objetivo, en la mayoría de los casos, evitar coger kilos durante la semana. Aunque no siempre es evidente, la experta en nutrición Patricia Pérez sabe cómo controlar de forma saludable la báscula a través de hábitos fáciles de introducir en nuestra rutina laboral; pautas que explica en su nuevo libro Yo sí que como 2. Come, siente, disfruta (Ed. Aguilar) y que, en muchos casos, nada tienen que ver con lo que tenemos en el plato, sino con las rutinas que nos marcamos. "A veces es más importante lo que hay alrededor de la comida que la comida en sí. Puedes comer muy sano, pero si cada día lo haces a una hora o estresado, no quiere decir que no valga, pero será menos efectivo", recuerda ésta.

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1. Márcate unos horarios y respétalos
Lo primero que necesita el cuerpo es establecer un orden. Si se come a cada rato, el sistema digestivo se satura y se confunde al organismo. La comida está en el estómago entre 4 o 6 horas. Si comes antes de tiempo, éste seguirá lleno; por el contrario, si lo haces demasiado tarde, llegarás a mediodía con mucha hambre. De hecho, las personas que comen más tarde de las 15h son propensas a engordar. Lo ideal es desayunar entre las 7 y las 9 y comer (como tarde) a la 13h. Asimismo, si no te marcas horarios, al final, generas hormonas del estrés. Si nos fijamos en los bebés, cuando se rompe su rutina se vuelven irascibles, no duermen, comen mal, etc. Esto mismo pasa con los adultos. Y aunque el estrés afecta de forma diferente a las personas, en muchos casos, favorece la subida de peso. 

2. No comas delante del ordenador
Cuando comemos delante del ordenador no somos conscientes de lo que ingerimos y llenamos el estómago de alimentos que no necesitamos. Por el contrario, si lo hacemos con tranquilidad, tomamos menos cantidad y de mejor manera. ¿El motivo? Al comer se pone en marcha la hormona CCK (colecistoquinina). Cuanto más estemos masticando, más aumentan los niveles de esta última que es la que se pone en contacto con la de la saciedad, la leptina, y le dice al cerebro que estamos llenos. Por eso, si prestamos especial atención a lo que está en nuestra boca y masticamos correctamente nos saciaremos antes. De igual modo, si comemos nerviosos por los correos del trabajo, el estómago va a estar contraído y no vamos a tener buenos movimientos gástricos para que esa comida se amase debidamente. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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3. SOS: poco tiempo para comer
Cuando no tenemos tiempo, es mejor comer poco y bien que mucho y mal. Haz una comida ligera y recupera por la noche con una cena más completa. Puedes picar unos frutos secos con alguna fruta de temporada o un buen lácteo. Es una mezcla proteica perfecta. Otra opción es hacer en casa bollos dulces o salados y llevarlos al trabajo, o un batido verde con superalimentos y semillas. 

4. Empieza por un alimento crudo
El fuego es relativamente nuevo para nuestras células. Por eso, cuando comes algo cocinado, nuestro sistema inmune no reconoce la comida al instante: "Es comida pero no es comida".  Al calentar los alimentos, cambian y el cuerpo tiene que identificar que lo que le estamos dando realmente es bueno y no algo extraño. Ese tiempo no es tanto si empiezas por algo crudo. Al no estar modificado, lo reconoce al momento. ¿Lo ideal? Empezar por una ensalada, una zanahoria, un apio, etc.

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5. No abuses del agua
El agua puede llenar, pero no sacia. Si bebes mucho durante la comida distiendes las paredes del estómago, y al hacerlo más grande, necesitas más alimentos para sentirte saciado. Lo mejor es beber en pequeñas cantidades varias veces al día. Durante las comidas, opta por bebidas calientes que no paralicen la digestión y solidifiquen las grasas, como por ejemplo, un té, un consomé o incluso un vino tinto. Esto no quiere decir que no haya que beber agua. Se puede hacer en ayunas, entre horas o antes de irte a la cama con una infusión. Lo más importante, más que beber agua, es estar hidratado y se puede lograr sin beber demasiada agua, de ahí que las verduras sean tan importantes en los menús que preparamos.  

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