Desayunar más tarde y cenar antes podría ser el secreto para adelgazar sin contar calorías

Según un nuevo estudio, la clave para perder peso podría estar en la hora a la que se realiza cada comida

por Mariana Chacón /

Aunque tradicionalmente cualquier dieta para perder peso se fundamenta en la premisa de que solo reduciendo calorías se vencerá a la báscula… un estudio publicado en el Journal of Nutritional Science viene a desmontar el (aparente) mito. La razón fue la sorprendente conclusión extraída de tal estudio: el horario al que se realiza cada comida tiene un impacto directo en la cantidad de peso que se gana o pierde durante el día. En concreto, el desayuno y la cena son los dos momentos que deben atrasarse y adelantarse en el tiempo respectivamente para promover el adelgazamiento. ¿La prueba? Los participantes que llevaron a cabo este pequeño cambio perdieron el doble de peso a lo largo de 10 semanas que otro grupo que continuó con su rutina habitual.

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Noventa minutos. Esa hora y media es la diferencia que existe entre perder más o menos peso según este estudio. El desayuno debe atrasarse noventa minutos y la cena adelantarse esa misma cantidad de tiempo… pero lo interesante viene a continuación: los platos se preparan de la misma forma, sin alimentos prohibidos ni cantidades restringidas. Si este nuevo método funciona significaría que se pueden eliminar los kilos de más sin renunciar a ese plato favorito del que hay que despedirse durante los planes de adelgazamiento al uso.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Según los especialistas responsables del citado estudio, la razón de que los resultados fueran favorables podría ser que la dieta no se basa en olvidar durante un tiempo los alimentos calóricos y luego volver a tomarlos tras la dieta, sino en una variable diferente, por lo que se puede continuar en el tiempo y evitar el temido ‘efecto rebote’. Otra de las posibilidades del éxito de esta nueva manera de comer es que el tiempo que pasa el organismo sin percibir alimento durante la noche se incrementaría en tres horas en comparación con los hábitos anteriores.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Por último, los investigadores piensan que al mover los horarios de las comidas aproximándolos a la mitad del día, éstos se acompasan con el ritmo cardíaco lo que promueve una mejor metabolización de los alimentos. Sea como fuere, comenzar una dieta en la que contar calorías no es necesario y con la que se puede seguir disfrutando de la tostada matutina pero simplemente una hora y media más tarde… suena muy (muy) bien.

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