La dieta del invierno: 5 claves de nutricionista para sentirte mucho mejor

Cómo prevenir resfriados o acelerar tu metabolismo a través de la alimentación

por Inés de la Fuente /

Por norma general, no empezamos a preocuparnos de verdad por nuestra dieta o por el estado de nuestro cuerpo hasta que vemos (demasiado) cerca el verano. Es entonces cuando prestamos máxima atención a qué comemos y bebemos e intensificamos nuestro entrenamiento con la esperanza de lucir bañador mejor que el año anterior. Sin embargo, ni la Operación Bikini debería ser la principal motivación para cuidar nuestra dieta, ni la báscula es el único reflejo de mantener un estilo de vida saludable. Porque "somos lo que comemos" y, en invierno más que nunca, nuestra salud será un espejo de aquello que ponemos en nuestro plato. ¿Quieres eludir la gripe, sobrellevar mejor las bajas temperaturas o tener más energía? Atención a todo lo que tu dieta puede hacer por ti en esta estación.

Habitos de nutricionista para el invierno

1. Beber té con jengibre

Es una bebida muy recomendable para esta época del año ya que es un excelente aliado contra el resfriado. ¿El motivo? El jengibre produce un efecto de calor inmediato en el organismo que no solo elevará tu temperatura corporal, sino que también acelera el metabolismo gracias a la llamada termogénesis. Además, entre sus propiedades, destaca que promueve la transpiración, lo que puede ayudar a reducir la fiebre y acelera la eliminación de toxinas de nuestro organismo, y evita las migrañas.

2. Tomar frutas ricas en vitamina C 

No es casualidad que la naranja, la mandarina, el limón o el pomelo sean las frutas típicas del invierno: sus altas dosis de vitamina C ayudan al sistema inmune, evitando catarros y otras enfermedades de la época. Pero también en la granada (un clásico para tratar infecciones de oído y garganta), en la piña (que además ayuda a mantener la línea) o en cualquiera de los frutos del bosque (muy ricos en antioxidantes) encontraremos este nutriente tan beneficioso.

3. Tomar más ajo

Es uno de los mejores ingredientes que podemos usar diariamente en invierno porque previene el catarro e incluso la gripe, ya que, como la vitamina C, refuerza las defensas, pero además tiene propiedades antibióticas y ayuda a evitar los efectos colaterales del resfriado, como la mucosidad.

4. Aumentar el consumo de la vitamina D

Es la comunmente denominada "vitamina del sol", porque la radiación solar promueve su sistetización en el propio organismo, y, según los estudios, el 88% de la población tendrían un déficit de ella. Como en invierno las horas de luz son más escasas, es necesario aumentar sus niveles en el cuerpo consumiendo alimentos ricos en vitamina D, como los pescados azules (salmón, atún o sardinas, por ejemplo), los lácteos o la yema de huevo. De esta forma, reduciremos las posibilidades de sufrir problemas en los huesos, además de otras enfermedades con las que también se relaciona como cáncer o asma, y otros efectos emocionales que el invierno puede tener, como el trastorno afectivo estacional.

Habitos de nutricionista para el invierno

5. Introducir en tu dieta especias como gindilla, cayena u orégano

Las dos primeras son perfectas para consumir ya que al ser picantes ayudan al sistema inmunitario a la vez que aportan calor. Igual que el jengibre, estas especias elevan tu temperatura y aceleran tu metabolismo, con un doble beneficio: tendrás menos frío y mantendrás tu línea sin ningún esfuerzo. Si lo que necesitas es curarte más rápido de un catarro el orégano es tu especia: tiene propiedades antioxidantes y antibacterianas.

+1: Hacer ejercicio en el exterior

No es lo más apetecible del mundo teniendo en cuenta las condiciones climáticas, pero lo cierto es que practicar ejercicio de manera regular en la calle no sólo hará que quemes más calorías (ya que nuestra temperatura baja y por lo tanto, el cuerpo debe hacer más esfuerzo para recuperar el calor), sino que además reducirá tus posibilidades de contraer la gripe. ¿El motivo? Hacer ejercicio es una de las mejores maneras de fortalecer nuestro sistema inmune. Según un estudio publicado en el Journal of Applied Physiology, los leucocitos y granulocitos, responsables del buen funcionamiento del sistema inmunológico, aumentan su producción al ejercitarse con bajas temperaturas.

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